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lunes, 11 de noviembre de 2024

Orfeo y Eurídice


Está en su burbuja, con los auriculares a todo volumen, garabateando en un cuaderno sobre sus rodillas palabras desconectadas: <<noche, trago, entraña, ciego, abismo>>. Y de repente, un estallido en su conciencia. Es el indicativo de una nueva parada en el metro, pero al bajar los ojos de la línea de recorrido, la descubre a Ella. Está retocándose su larga melena trigueña, mientras se hace unas fotos, como diferentes emoticonos. Él no puede apartar la mirada, y se le escapa una leve sonrisa cómplice con la escena. Fue entonces cuando Ella volvió sus ojos miel hacia Él y se rio como una niña traviesa a la que han sorprendido en una de sus andanzas.
Y otra vez el estallido: esta vez sí es su parada. Recoge corriendo su cuaderno, el bolígrafo de los garabatos y sale del vagón sin quitarle los ojos; Ella corresponde gritando: <<¡Bonita sonrisa!>>.  El metro sigue su camino y se lleva la música, pues en sus oídos sólo hay silencio. Y aunque el día era largo, ya no hubo nada más que contar.
A la mañana siguiente volvió a la misma hora. Se sentó en el mismo vagón. No llevaba auriculares, ni cuaderno, aunque si un bolígrafo en su bolsillo y una pequeña libreta. Pero hoy no hubo música, sólo el dichoso estallido de cada parada hasta llegar a su destino. Y apuntó tres palabras <<Si te vas>>. Tampoco hubo nada más que anotar.
Y pasaron los días, las semanas, los meses. Y subir al metro era como cruzar la Laguna Estigia cada día, dejándose en ella cada vez un poco más de vida. Hasta que una mañana cualquiera trajo consigo su cuaderno, abierto justo en el lugar donde garabateó palabras desconectadas: << noche, trago, entraña, ciego, abismo >>. Pasó página y empezó a escribir:

Para qué dejar de bucear en este trago
si en mis noches hace tiempo
que no hay mar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué inventar nuevos mundos
si al final siempre me pierdo
en el mismo bulevar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué pedir a un mapa
que me guíe por los infiernos
si no hay fronteras entre el bien y el mal
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué buscar brasas
entre las cenizas ásperas
si no hay fuego que vaya a crepitar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué ponerte nombre
si con rostros distintos
dejas mis entrañas
y mis manos

vacías
de
ti.


Salió del vagón y al alejarse vio sentada a Ella recostada en otro joven, hablando mientras cada cual miraba su móvil.  Él se colocó entonces los auriculares, caminó hacia la salida y vivió su día. Esta vez sí ocurrió algo que cantar, pero esa es ya otra historia.



martes, 30 de marzo de 2021

Donde habita el olvido

Busca el rayo de luz 

                                  y la sombra de la mosca que titubea en la ventana, 

el ruido que incordia el rielar 

del fulgor

que serpentea entre las sábanas. 

Todo lo inunda el silencio, 

todo lo inunda,

cuando su mirada se cruza 

con la de una mujer que no tiene palabras. 

Y ahí,

donde habita el olvido,

se miran como dos desconocidos 

                                                     que no saben donde empieza la pregunta 

ni donde acaba el ánimo 

                                         de iniciar la palabra. 

Toda una vida resumida en un sigiloso pensar en la nada. 

En la incandescencia de una llama que no sabe que se apaga.


lunes, 1 de marzo de 2021

Laguna Estigia

La entrada no tenía nada especial, era una de tantas grutas que pueden encontrarse en cualquier lugar. La cruzaron decididos, cogidos de la mano. Pero a mitad de camino el agua, que empezó llegándoles a los tobillos, ya les superaba el cuello. Y olvidaron el origen y el destino, olvidaron hasta sus nombres. Y se separaron, cada cual con su culpa. Así fue de ellos hasta el fin de los tiempos, hasta que fue de nuevo principio y todo castigo dejó de tener sentido. Y se hizo la luz. 

domingo, 13 de diciembre de 2020

Nada

 Crucé la frontera hacia el más allá por inercia. No se parecía en absoluto a lo que imaginé hasta entonces: hacía frío, eché en falta ropas de abrigo, mi viejo gorro y unas notas de cariño. Era todo un fundido en negro, pero éramos. Sólo contaba con la imaginación y los recuerdos como armas para afrontar el vacío absoluto, mas estaba dispuesto a ello. Sin embargo, se perdieron las evocaciones; sin pasado, ni presente hasta los sueños eran niebla. Ahora entiendo todo: somos instante.

viernes, 6 de noviembre de 2020

Mirall trencat

    Viste su traje de la suerte, aquél con el que emprendió tantos proyectos y que hoy le cubre del frío de la cola de espera a Cáritas. La niña marea los trozos desmenuzados de pollo empanado en el plato, mientras ve vídeos en YouTube, con la disputas de l@s tronist@s de turno de fondo. Come pipas de aguasal en el parque un tipo casi cuarentón, que sueña con la cola del paro, sin saber en qué puesto podrá tener la más mínima oportunidad. Una mujer espera en el supermercado su turno, pensando si alguna vez será madre o si es mejor seguir con lo suyo, paga con applepay, cambia la pista de audio y recuerda que ha de terminar su plan de desarrollo esa misma tarde. Un payaso de flequillo plateado grita con estruendo que volverá a ser grande otra vez, mientras carga su arma de balines. Un delfín queda atrapado en una red, mientras el hombre de las nieves declara que se jubila. Ya no caben dos jazmines en una misma maceta, aunque si cabe un silencio en un ascensor lleno de personas que se escupen por Twitter o revisan imágenes que han de colgar en Instagram. 

    Pero no nieva, en una ciudad en la que nadie dice nada a la cara, en la que nadie duerme con nadie, en la que sobran los maestros de las llaves y faltan las cerraduras que forzar. Una muchacha se parapeta en su gorro de lana blanca de alpaca de las cuatro gotas de agua-nieve que la manosean, mientras el dueño del colmado de la esquina piensa que si tuviera armas en su haber no se atreverían esos maleantes a robarle una vez más. Un concienzudo pensador apaga su cigarrillo, entre tanto, sueña con el devenir del oso polar. El periodista más querido por los lectores opina sobre un virus mortal, que acerca al ser humano a su final. Un fanático le grita a la tele que su estrella ya no corre, ya no siente al club, aunque no duda en comprar por Amazon una camiseta con su dorsal. El chico responsable rompe el cristal en el que se miran los solitarios, que lo lapidan sin piedad alguna antes de marchar. Un perro curioso hociquea los restos, mientras alguien lo hace viral. Las hojas de los álamos amarillean los parques donde una señora practica sus asana con cierta dificultad. 

    Un vagabundo recoge un libro de la basura, dice que se llama "Mirall trencat"; lo invita a una copa de vino y se ponen a charlar. La parca se suma a la velada, con ganas de apostar. Un saco de criptomonedas sobre la mesa. La copa de vino cae y el libro gana la apuesta.

miércoles, 28 de octubre de 2020

El triciclo

    Es tan fresca y vibrante la sensación del rocío cubriendo mi manillar. Los pájaros y periquitos del parque no paran de cantar. Curiosa batalla; no llevará a ningún sitio, pero aún así es la rutina de cada amanecer. Espero que pronto brille fuerte el sol y seque el sillín, nunca se sabe cuando volverá el pequeño Tim.

    Ya pasó la mañana y sólo gente paseando, alguna anciana alimentando a las dichosas palomas. Esos pequeños monstruos  voladores que día sí, día también acaban posándose sobre mí para dejar sus excrementos como esos falsos grafiteros que sólo dibujan un mal garabato o algo obsceno y ofensivo en cualquier lugar.

    Otra tarde más se acaba y no hay rastro de Tim. Tocará pasar otra noche a la intemperie, a la merced de cualquier vándalo que se lleve una pieza más para malvender, como mis añorados pedales con reflectante. Empieza a hacer frío y los árboles pierden sus hojas; creo que debemos estar en otoño. El parque se ha vaciado tan pronto...

    Por fin despunta el sol, las sombras juegan al escondite con los árboles y bancos. Lástima que mi sillín no pueda verlo, le hacía mucha gracia este momento del día. Le deseo lo mejor en su nueva vida. Aquí cada vez quedamos menos piezas y ¡el maldito Tim sin aparecer!

martes, 27 de octubre de 2020

La dama blanca



    La encontré sentada en el borde del muelle. Vestía de blanco con un paraguas a juego, sostenido con delicada firmeza, interpuesto entre su mirada y ese artificial alumbrado del fanal. Entonces pensé que estaba nadando en su alma, entre sus noches oscuras y sus tardes de tormenta; que buscaba en el horizonte un punto que conectara todo: el ayer, el hoy, el mañana. Pero sólo había niebla, una espesa capa que se desdibujaba entre el celeste que el lago robó de sus lágrimas y el añil que la nieve bebía de la luna. Cuando al fin pude alcanzarla, se desvaneció entre mis manos, sin que pudiera siquiera consolarla con un abrazo, sin que las palabras que salieron de sus labios tuvieran más forma ni sentido que el tímido susurro del viento.

    Cada noche vuelvo al mismo punto y hora en que la encontré, con la esperanza de que se repitan todas las pinceladas una vez más, una única vez más, más que suficiente para asir su alma y llevarla conmigo. ¡Qué buena pareja haríamos reinando en los infiernos!


miércoles, 27 de mayo de 2020

La gruta

Cuando Mauro se adentró en la gruta, se limitó a seguir el sonido de un pequeño riachuelo que iba a desembocar en un pozo. El interior era oscuro, algo estrecho, pero transitable. Debido a la humedad y la corriente de aire, hasta cinco intentos necesitó para encender la antorcha que improvisó, gracias a la cual pudo ver unos dibujos en el relieve de las paredes y unos símbolos, semejantes a algún tipo de sistema de escritura. Tras días de estudios, averiguó que se trataba de un idioma protoibérico, y acabó acotando hasta estar seguro de que se trataba de tartésico. Pasó semanas elocubrando, trazando posibles vínculos entre los dibujos y los símbolos gráficos; gestó teorías varias, pero todas acababan en un callejón sin salida. Tuvo que aceptar que el lenguaje se escapaba a sus conocimientos, que todo el conjunto era indescifrable, pero a dónde llevaría ese pozo...

miércoles, 15 de abril de 2020

Ensayos para Haikus.


DISTANCIA
El marinero
observa el horizonte.
El delfín nada.

SOLEDAD
La estrella brilla
sola en el firmamento.
Llega en familia

NOSTALGIA
El viento sopla en
todas las estaciones.
Recoge y suelta.

INESTABILIDAD
Sobre el alambre
zigzaguea la mosca.
¿Ir, huir o estar?



DESEOS
Sacia su sed
el pájaro en la fuente.
El hombre vuela.


(BLOQUEO)
El diálogo
con la página en blanco:
es el silencio.



MUERTE
La flor marchita,
el agua cristaliza.
Nada persiste.




domingo, 5 de abril de 2020

Pagafantas


Y se rio. Sin duda fue una mala idea. En cualquier otro contexto esa sonrisa le hubiera parecido una ambrosía estallando en su pecho; pero no esta vez. Sintió un hachazo que desde las entrañas le partía el espinazo en dos. Y así, quebrado, la acompañó a casa como tantas otras veces.

-          Ya estamos. ¿Amigos? – Y recibió dos besos que sonaron como dos carcajadas.

Partió nuestro Odiseo, sin una Penélope que añorar. Y se sirvió una copa de vino nuestra Circe, sentada victoriosa en su sofá dispuesta a ver una serie, mientras le escribía a su ex por WhatsApp: <<Te echo de menos>>. Una lágrima perdida resbaló por su mejilla.

jueves, 2 de abril de 2020

Si te vas

Para qué dejar de bucear en este trago
si en mis noches hace tiempo
                                                que no hay mar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué inventar nuevos mundos
si al final siempre me pierdo
                                               en el mismo bulevar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué pedir a Virgilio
                                        un mapa que me guíe por los infiernos
si no hay fronteras entre el bien y el mal
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué buscar brasas
                                      entre las cenizas ásperas
si no hay fuego que vaya a crepitar
y camino ciego, como pez abisal.

Para qué ponerte nombre
si con rostros distintos
dejas mis entrañas
                               y mis manos

vacías
de
ti.




lunes, 9 de marzo de 2020

Peter Pan

Cuando por fin regresó a Nunca Jamás, las tramas habían cambiado: los niños habían dejado de serlo, pero seguían aún más perdidos; el Capitán Garfio terriblemente cayó en la trampa del cocodrilo; y Wendy ya no era más que un dulce y lejano recuerdo. Y las estrellas se fueron alejando tanto del firmamento, que ni todo el polvo de hadas pudo devolverle la cándida esperanza de volver a soñar...

martes, 11 de febrero de 2020

Ley del caos

Entiendo que esta vez fue ya demasiado tarde. Que no volveré a penetrar en tus ojos, mientras descansa tu cuerpo desnudo en las manos, sobre mi pecho. Que al llegar al final del pasillo nos despediremos como dos extraños que se cruzan mientras están perdidos. Que dos gotas que caen en el mismo punto hacen caminos distintos. Sin embargo, en contadas ocasiones, la ley del caos hace que se reencuentren.

miércoles, 29 de enero de 2020

Los labios del pecado


Aunque ya sabíamos que ninguno de los dos debería estar ahí, pedimos desenfrenados a la luna que nos cubriera toda la noche con su manto de melancólico olvido. Y batallamos, con los cuerpos desnudos, abrazados a fuego y hierro, entre el pecado y la redención, hasta el primer albor del amanecer. Antes de marchar nos dijimos un ‘te quiero’ que se perdió entre suspiros y, sin embargo, nos despedimos como dos desconocidos.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Nazca

   Caminaba el hombre, ensimismado, con la mente en otro tiempo, en otro lugar. Sus pasos eran cortos, pesados, como raíces de guarango, sumergidas en un lodo espeso; su mirada un viento ártico, que desde la corriente de Humboldt, soplaba hasta el horizonte andino. Mientras la niña, de apenas 4 estaciones de lluvia a sus espaldas, apretaba su mano fuertemente, como queriendo despertarlo de su estado casi letárgico. 

   Paseaban por los lindes de las escasas tierras de cultivo, que cada año menguaban, cuando la pequeña decidió soltarse, estirar los brazos e imitar a los pájaros que lejos en los cielos los vigilaban. Y entre cabriola y cabriola, reía y llamaba a los compañeros de juegos: unos imaginarios animales, que la acompañaban corriendo y nadando y saltando, pero ninguno volando; porque los aires, como los sueños, son propiedad de los dioses.

   Y así despertó de su ensimismamiento el hombre, con las carcajadas de la niña, que resonaron en su juicio embebido, como los cantos de un colibrí en los bosques selváticos. Sintió entonces en sus pies los latidos de la tierra de sus antepasados: resonaban cansados, intercalados, arrítmicos, como el eco de un anciano que reniega de su muerte. Y entre la vida y la muerte nació su idea.

   A la mañana siguiente, cuando apenas bostezaban los primeros rayos del sol, se levantó de su cama con el cuidado de un puma, para no despertar a su esposa ni a su pequeña. Desayunó como si no fuera volver en varios días, y cuando cargó sus herramientas de campo, se dispuso a salir por la puerta de su casa de adobe, acariciando el umbral terroso.

- ¿Amor, a dónde vas tan temprano? - dijo la mujer.
- A sembrar - dijo él.
- La tierra está yerma, querido. Esta sequía no tiene piedad.
- La semilla que voy a sembrar, arraiga en el páramo más inhóspito.
- ¿Y qué semilla es esa?- no recibió más respuesta que un beso en la frente, y una brisa cálida en los ojos.

   Era una mañana cualquiera, de esas que pasan en blanco en los anales y calendarios. Dejaba atrás su casa nacida de la tierra y a la niña durmiente que murmuraba cantos de sirena. Paso a paso llegó a la explanada, donde descargó su fardo con la paciencia de un artesano. Sacó de su bolsillo un dibujo trazado con una piedra de carbón sobre un trozo de piel seca. Y con su chaquitaclla, clavada en la tierra empezó a trazar las líneas de su destino.

   Avanzaba despacio en su propósito, pues a cada recodo de trazado debía subir una pequeña colina cercana para asegurar el buen trazado de su labor. Pasaban las horas, se dispersaban las nubes, subía y bajaba el sol, las estrellas vestían la noche con su manto de fiesta pagana. Y bajo el mismo le venció el cansancio de la horas de arduo trabajo, a la vista de los dioses, que soplaron un sueño en su ingenio, con la sutil levedad de un misterio innombrable.

   Despertó con los bostezos de los primeros rayos, y con la misma paciencia de la primera vez, recogió una por una todas sus herramientas, sacudió sus ropas perfumadas de arena blanca, y reemprendió el viaje de regreso al hogar, hasta los ojos risueños de la niña y su amada esposa.  

   Al llegar no lo recibió ninguna ofrenda, ninguna celebración, ni una tímida pregunta, sólo un plato caliente y un abrazo infantil pero cargado de energía, que le susurraba un "te quiero, no te vayas más". 

   A la mañana siguiente la familia había recogido sus pocas pertenencias y emprendieron su viaje hacia el horizonte, un periplo del que ya nunca más volvieron a su pueblo natal, ni siquiera para peregrinar a Cahuachi. 

   Nunca nadie los volvió a ver, ni los ágiles pumas, ni las aves vigilantes. Y un día que nadie se acordó de marcar en el calendario un ciego empezó a cantar canciones de un hombre que habló en el desierto a los dioses y de una niña que se atrevió a soñar con un mundo más allá de los lindes de su protección.

   Otros muchos pobladores salieron a trazar dibujos y líneas que pintaron en el desierto una oración repetida, rogando lluvias y riquezas. Pero sus palabras no se las llevó el viento y murieron con ellos en las tierras que los vio nacer.



martes, 24 de diciembre de 2019

Una historia (in)terminable...

Llega un momento en el que,
de repente,
no esperas nada
de nadie;
en el que no esperas a nadie,
por nada.

Simplemente sigues,
por ti,
sin nadie;
y avanzas,
por inercia,
sin nada.
Esperando a alguien
que no llega,
para nada.

Y llega ese momento,
sin nadie.

¿Y acaba?

lunes, 19 de agosto de 2019

Meigas

Hay ojos que vuelan
libres
y otros
que naufragan en cada puerto.

Hay sonrisas que esconden
volcanes
y otras
un nido de ratas.

Hay corazones que bombean
tinta
y otros
que se paran a cada mirada,
a cada caricia,
a cada susurro

suave,
sincero.

Hay niñas que arañan
por rabia
y otras
que se aferran a cualquier espalda
que las proteja

y otras que se defienden hasta de su sombra
gris,
apagada.

Hay mujeres que lloran
espinas
y otras
pétalos de rosas

marchitos,
sin aroma.

Haberlas haylas
y otras jaulas
y otras fronteras.

Y tantas almas,
y tantas...

miércoles, 7 de agosto de 2019

Papel en blanco

No sé si fue buena idea
teñir con letras este papel
en blanco,
en silencio,
en solitario.

Pero necesité rasgarlo,
darle riendas,
abrirle paso
localizar
               el miedo.

Porque duele más callarlo,
o encerrarlo en una botella
perdida en el océano,
en la inmensidad,
en la nada.

Mejor es darle alas
para que nade,
para que bucee,
para que naufrague.

Para que sin aire ni chispa
en los ojos
te interrogue,
serenamente.

Aunque luego vuelva a su estado
primordial:
en blanco,
en silencio.
En solitario.

(Y la botella vacía,
sobre la mesa,
esperando)

martes, 11 de junio de 2019

Green room

Mira a tu alrededor:
graznan los cuervos posados
en el árbol deshojado
por el efecto de un rayo;
ríen las hienas en la noche
de la sabana africana.
Y tú sólo ves la silla
que permanece vacía
e impasible frente a ti.

Mira a tu alrededor:
charlan los guacamayos
con frases repetitivas,
mientras los macacos,
descontrolados,
golpean los charcos del humedal
que dejaste atrás en tu camino.
Y tú sólo ves un horizonte
de niebla espesa.

Mira a tu alrededor:
las moscas chapotean felices
en los rohales que dejan
las pintas de cerveza
de la habitación verde;
las cucarachas animosas
salen de las grietas sin luz.
Y tú sólo ves y cargas
un fardo de consecuencias.

Miras a tu alrededor,
desde lo alto del faro,
protegido en la distancia de ti mismo,
mientras desnudas las miradas de bellas mujeres
que con una sonrisa protocolaria
apenas advierten de tu existencia.

Miras mientras bebes,
y esperas,
sólo esperas,
a que cambie tu suerte,
como cambia el clima de los días,
como pasan las horas,
como llega la muerte.




viernes, 22 de febrero de 2019

Recuerdos de una noche de verano

Recuerda
que hubo una vez en que fuiste
                                                  feliz,
cuando probaste el vino
de sus húmedos labios:
con las pulsaciones desbocadas
mientras vuestras lenguas
flameaban con un vals delicado,
pausado;
así, aferrados
hasta beberos el aliento.

Y ya se sabe
que con oxígeno el fuego se expande:
y ardió.
Hasta el último recoveco
de vuestro cuerpo,
hasta ser lava que se retuerce
                                               incandescente
en la intemperie.

Pero mañana será otro tiempo,
y diréis que no fue amor,
sino el fin del verano.
Y otro día,
                  a otra vida:
la rutina.

Mas recuerda que
una vez
fuiste feliz:
cuando probaste el vino
de sus húmedos labios.