domingo, 3 de diciembre de 2017

En papel de regalo

El tono de su piel fue palideciendo, paulatinamente. Apenas le quedaba un hilo de voz en la garganta; apenas una lámpara de sombras por ideas, en su mirada. Tal vez por eso no contestó a ninguna de las preguntas que, inquisitivamente, le formulaban desde el exterior de su linda cabecita, que como una caja envuelta en papel de regalo, aguardaba impaciente a que alguien la descubriera. Adiós al muñeco de nieve, que en las noches de risas abría paso a miradas pícaras; adiós al bastón de caramelo, que mordía, seductora, las vísperas, cuando ya se quedaban a solas; adiós a la sangre que termorregulaba sus venas. Adiós a la vida, aunque la otra, sin ángel ni corona, poco o nada la ilusionaba.

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