martes, 22 de mayo de 2018

El club de los poetas muertos

Hablan de poetas anónimos,
entre copas,
en viejas barra de bar.
Suena a bohemia desventura,
a nostalgia para versar...
suena a Manhattan,
a París,
suena a música jazz.

Pero
sólo hay rostros en desgracia,
grietas profundas en el alma,
muecas desencajadas que ocultan
la porquería que están a punto de vomitar.
Y lo harán encima del jersey rosa aterciopelado
de la chica rubia que, enamorada,
coquetea con el cabello entre sus dedos;
lo harán sobre su cándida sonrisa.

No.
No es lugar para bohemios,
sino para muertos en vida.
Es pila bautismal para ahogar las penas,
y pedestal para sacrificar las viejas glorias,
es un abrevadero donde devorar la inocencia,
una letrina donde vomitar,
putrefacta,
la soledad.

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