miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ruido

<<Qué ruido hace un hombre que se quiebra en soledad, qué cobijo encontrará en la sombra de un mal pensamiento>> E. Bunbury

Aún se pregunta cómo ha llegado hasta aquí: ha gritado, ha golpeado, ha maldecido y ha sufrido un ataque de ansiedad después de perder las uñas y casi las yemas de los dedos, intentando arañar una pared infinitamente más fuerte que su voluntad.
A medida que le va faltando el oxígeno, entiende que no hay espacio para sus preguntas; para ninguna clase de pregunta. Ya sólo puede hacer trampas al solitario. Esa será su última maldad: ahora que ha vendido sus peones a la desesperada; ahora que ha tumbado, desnudo y humillado, a la figura del rey; ahora que ha perdido la partida de ajedrez.
En efecto, no tiene ningún sentido averiguar si era ella. No, no lo era. Pero, ¿y si lo fuera? ¿Tendría entonces sentido estar aquí? ¡No!¡No caben las preguntas! Ya no. Quizás nunca cupieron. 
Y así, cierra los ojos y cede a la falta de oxígeno en paz. No hay respuestas, sólo una lágrima impasible y una sonrisa ahogada. Ese es el ruido de la soledad.

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